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Generar Distractores: el más grande error que un orador puede cometer

A mi profesor de matemáticas de quinto año le encantaban los gises de colores. Se paraba enfrente de nosotros, sosteniendo el gis en sus manos, mientras el resto los acomodaba en el pizarrón a sus lados. Mientras explicaba cerca del pizarrón, poco a poco los costados de sus pantalones se llenaban de destellos multicolores.

Naturalmente, nosotros sus estudiantes, nos burlábamos de esta adición a su vestimenta. Sin embargo, la verdadera diversión comenzaba cuando le hacíamos una pregunta y se quedaba pensando la respuesta. Es un gesto común ligado a pensar o mostrar formas de preocupación, el llevarse las manos a la barbilla, las mejillas o el cabello, cualquier lugar de la cara. Por tanto, los destellos multicolores comenzaban a expandirse hacia su cara. Bueno, eso era casi genial, pero si le hacíamos una pregunta que realmente lo dejara pensando, gradualmente su mano se acercaba a la nariz, hasta que el gis topaba, para quedarse, en su fosa nasal.

¡Nos encantaba! Nuestro único objetivo en la clase se convirtió en hacerle las preguntas más difíciles para que el gis acabara en su nariz. Desafortunadamente no aprendí mucho de matemáticas de quinto año, pero sí asimilé algo muy importante acerca de hablar en público.

Las distracciones visuales –incluso cualquier clase de distracción- pueden evitar muy fácilmente que la audiencia capte lo poco que podrían obtener bajo condiciones óptimas.

Para ponerlo de otra forma más positiva, mientras se habla, se emite una avalancha de comunicación no verbal con la cara, cuerpo, postura, gestos, tono de voz, y sobre todo, la forma en que uno se mueve en relación con el público. Si esa forma de comunicación es consistente con el mensaje principal, se puede dar un discurso muy poderoso. Si, por el otro lado, hay inconsistencias, o incluso un mensaje contradictorio, lo no verbal ganará siempre.

Cada uno de nosotros puede recordar a un maestro u orador que haya visto, cuyo mensaje intelectual se perdió porque traía la camisa desabotonada, o se balanceaba hacia adelante y atrás hasta hacernos enloquecer, o más sutilmente, su monótona voz se mezclaba con el ruido blanco del proyector hasta que se confundía y sólo nos quedaba un murmullo indistinguible. Lo siguiente que sabíamos es que estábamos cabeceando para tratar de mantenernos alerta y dándonos cuenta que realmente habíamos estado ausentes de la plática por un tiempo dudoso, perdiendo buena parte del contenido.

La meta en la actuación es apoyar el mensaje que se ha elaborado, con voz, gestos y movimientos que permitan que lo verbal y no verbal se unan en una expresión contundente de las ideas. Ésa es la verdadera forma de lograr una fuerte conexión con la audiencia a la hora de hablar en público.

Tomado de MORGAN, Nick; The Single Biggest Mistake a Public Speaker Can Make ; Harvard Management Communication Letter; July 2003; Vol. 6, No. 7; Pp. 11. México 2009.

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