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La Piratería -Los roles que juegan en la construcción y mantenimiento de una industria cultural informal

El debate entre la cultura y la comunicación es un tema que siempre se mantiene vigente, es un tema que se va transformando con el tiempo. Mucho se habla de la comunicación de masas, de la aparición de los mass-medias y del acuñamiento del termino industria cultural y su impacto en la sociedad. Durante años, la escuela de Francfort y sus integrantes se ocuparon de estos temas. Pero ante nuevas realidades, las teorías criticas entraron en crisis y todo parecía indicar que había llegado el momento de replantear el concepto de industria cultural, teniendo en cuenta al ser humano en términos culturales y en términos de vida cotidiana, como expresa Marcelino Bisbal.

Hoy, después de algunas décadas, un nuevo debate está por abrirse: la existencia de una industria cultural paralela, o lo que es mejor de carácter informal que se alimenta día a día gracias a la piratería. Caso especial es el de la piratería fonográfica, es decir a la reproducción de fonogramas sin el consentimiento del autor, ya sea cassettes o CD´s, y que además por ser una actividad ilegal no realiza ningún tipo de tributación. En Latinoamérica, y sobre todo en el Perú, los millones de discos compactos "en blanco" que ingresan anualmente al mercado constituye la materia prima de los piratas fonográficos. Inundan las calles y los mercados de todo el país, con una oferta a la que ningún productor discográfico podría hacerle competencia nunca: "hasta tres discos por nueve soles"[1]

Por otra parte, cuando hablamos de industrias culturales se entiende todas aquellas actividades de producción y comercialización, que tienen como materia prima una creación protegida por el derecho de autor y difundida o distribuida masivamente. Lo anterior involucra en primera instancia a los siguientes subsectores: sector fonográfico, editorial, audiovisual, radiodifusión, prensa escrita y publicaciones periódicas, artes escénicas, artes visuales, publicidad y artesanía; y que a la vez también se están incluyendo la producción de software y productos que competen a Internet [2].

Estas industrias culturales desempeñan actualmente un papel central para formar, consolidar e incluso negar los valores que manejamos en la vida, en la sociedad e incluso en el espacio privado e íntimo. Asimismo, estas industrias culturales generan una gran oferta y sobre todo una gran expectativa de consumo (característica ya muy común en los diversos medios de comunicación), oferta que muchas veces es contra la realidad: la gran falta de recursos y posibilidades de la población (sobre todo de Latinoamérica).

Este nuevo medio tiene sus propios mecanismos de funcionamiento, que le permiten tener éxito y adecuarse a los cambios. Pero los que se dedican a esta industria (la piratería) y han llegado al éxito como informales, tan solo han conseguido tener más dinero, no son conscientes de la repercusión que esta nueva industria genera en la sociedad. Aquí no nos referimos a los problemas legales y tributarios (que son muchos), aunque son conscientes de esto. Aquí nos referimos a la trascendencia que conlleva la posibilidad de que, mediante un sistema informal se esté transmitiendo una cultura a todo el que pueda pagar un par de soles.

No obstante, ante la precariedad de este mercado, este capital social es funcional pues se hace más importante evitar el riesgo para asegurar la permanencia en la actividad. Por ello, sus vínculos se orientan a la conservación de recursos existentes más que a la búsqueda de nuevos vínculos como medios para la acumulación [3]. Pero siempre se establecen reglas básicas que no necesariamente existen en el ámbito formal, donde una estrategia de marketing puede ser más feroz que una guerra. Por el contrario en este campo, perjudicar a un compañero abiertamente con el afán de competir es una acción negativa [4].

Por otra parte, esta nueva industria cultural puede mantenerse, seguir al día y continuar llenando las expectativas del publico que las consume, debido a que se "alimenta" por decirlo de alguna manera de los mecanismos comunicativos del mundo formal: la publicidad.

Si entendemos que la publicidad es un proceso de comunicación de carácter impersonal y controlado que, a través de los medios masivos, da a conocer un producto o servicio, con objeto de INFORMAR e INFLUIR en su compra o aceptación. Entonces podemos entender por qué consideramos que esta nueva industria cultural hace uso de la publicidad.

El esquema vendría a ser el siguiente: la publicidad llega a todos los sectores, muestra la oferta de nuevos productos culturales, las personas saben que existe, que ya esta a al venta y que está por venir. La distinción se encuentra en que un sector de la población acude al sistema formal y otro al informal. Sin embargo ambos sectores están proporcionando un mismo objeto o servicio que en su esencia está catalogado de cultural.

¿Esto significa que la publicidad va de mano con la piratería? En todo caso una compañera ciega que no puede evitar por ayudar a un sistema que elude tributación y es una actividad ilícita y, por otra parte, esta misma actividad se constituye como uno de los elementos más importantes, por el cual la cultura o los productos de la industria cultural llegan hasta los menos acaudalados.

Este artículo no pretende ser ninguna apología a la piratería, ni rescatar el "beneficio cultural" que proporciona a un gran número de personas, pues de lo contrario no accederían a muchas cosas más. Sólo pretendemos dejar encendido este tema polémico, el cual se vive día a día, dejando de ver las características que se vienen dando con la llamando industria cultural informal, y que en este momento esta cubriendo las demandas de muchos.

**Colaboración Especial de: Mónica Rurush, Alumna de la Especialidad de Publicidad. Perú 2009.


[1]Diario Oficial El Peruano 23 de Diciembre del 2002
[2] SAENZ, Carla. Las industrias culturales en el Perú en Perú: ¿En que país queremos vivir? La apuesta por la comunicación y la cultura. Tomo II. IPAE CADE2000-2001, Pp238.
[3] ALIAGA Linares, Lissette. Sumas y restas. El capital social como recurso en la informalidad 2002 Pp.182

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