En toda negociación interviene un poder real -entendido como la sumatoria de los recursos estratégicos disponibles para un caso en cuestión- más la capacidad oratoria para comunicarlo, tanto sea potenciando las fortalezas como disminuyendo las eventuales debilidades.
Lo primero fue la Palabra, como dice San Juan, y no la acción, como escribe Goethe.
En la medida en
que la palabra se torna instrumento del pensamiento se transforma
en vehículo de la elocuencia y la retórica.
La Oratoria -el arte de persuadir con la verdad- gira entre la Estética
y la Lógica. La oratoria en un arte perfectamente reglado.
Saber algo no es idéntico a saber decirlo. Esta es la importancia de la comunicación oral.
Hablar persuasivamente para transmitir una determinada imagen o idea no es un lujo sino una necesidad. El 90% de nuestra vida de relación consiste en hablar o escuchar; sólo el 10% en leer o escribir. Cada persona tiene su manera peculiar de negociar, su teoría implícita de negociación.
No obstante se pueden distinguir dos escuelas: la tradicional y la integrativa.
La primera es esencialmente un proceso de regateo, en el que se pone énfasis en la distribución de lo que se negocia, bajo el supuesto de que lo que uno gana lo pierde el otro.
La nueva teoría de la negociación -la integrativa- trata de redefinir el problema mediante un intercambio de intereses para conseguir una ampliación de resultados para ambas partes.
Se debe entender
que la cooperación no significa que no exista
competencia, pero es un método con el cual podemos enfrentar
nuestras diferencias más constructivamente.
En la estructura de la negociación usted se encontrará con
tres elementos: los actores, la divergencia y la voluntad o búsqueda
de acuerdo. Y en las tres instancias la capacidad oratoria puede representar
la ventaja competitiva.
Los actores son los elementos fundamentales en la negociación, debemos entender que en el proceso de negociación se relacionan personas, dos o más que intervienen con todas sus características personales.
A los negociadores
no sólo se les debe juzgar por lo que dicen,
sino por cómo lo dicen.
La negociación es un proceso de comunicación interpersonal
en el que saber utilizar correctamente el lenguaje verbal y no verbal
facilita el entendimiento, capta la atención de la otra parte,
al mismo tiempo que nos puede ayudar para condicionar y predisponer
hacia un futuro acuerdo.
La divergencia es el desacuerdo, el litigio, lo contencioso, el conflicto declarado o latente que separa a los actores cuando se presenta.
Un negociador debe
poder identificar cuál es el origen de las
divergencias que se plantean. Estas pueden presentarse por problemas
de comunicación, por estructura o por características
personales de la contraparte.
En todo proceso negociado, el buen negociador debe tener la habilidad
para comprender y llevar a la otra parte por el camino más conveniente
para ambos, manejando la relación interpersonal de la forma
más propicia y adecuada.
La voluntad o búsqueda de acuerdo, es el resultado substancial y no simplemente formal de la negociación, puede asumir cuatro formas principales:
a) Compromiso simple:
es la solución mínima. Nadie obtiene
la satisfacción total de sus objetivos.
b) Concesiones mutuas: Solución superior al compromiso. Búsqueda
de equilibrio en la mayoría de los puntos en la negociación.
Requiere creatividad por parte de los negociadores.
c) Adjudicaciones de contrapartidas: Se crean nuevos elementos negociables,
ampliando el objeto inicial de la negociación.
d) Creación de nuevas alternativas: El antiguo problema se transforma
en uno más adecuado para ofrecer una solución.
**Colaboración Especial de: Lic. Antonio Di Génova. Licenciado en Relaciones Públicas. Profesor del ICOS. Director General de la Consultora E-PR www.e-publicrelations.com.ar. Editor del Portal de las RR.PP. www.redrrpp.com.ar; Argentina 2009.













