Desde que Milton Friedman compartió su famosa frase: “La responsabilidad social de las empresas es aumentar sus utilidades”, los expertos se han preguntado si su interpretación purista era realmente la única manera.

Las utilidades son sin duda mucho más fáciles de cuantificar que conceptos como la felicidad, pero los beneficios intangibles de un negocio bueno y honesto van claramente más allá de las finanzas puras… pero ¿la palabra utilidades siempre se refiere al dinero en el más estricto sentido?

Adam Smith, economista del siglo XVIII y autor del libro La Riqueza de las Naciones, se le conoce a menudo como el padre del capitalismo moderno y el cual definió tres conceptos principales en la mano invisible, donde el resultado de que los individuos persigan su propio bienestar son mayores beneficios para la sociedad, así como los niveles y tipos de productos/servicios en el mercado deben ser determinados por el libre mercado (es decir, no por el gobierno).

  1. Las personas esencialmente votan con su dinero.
  2. Una persona que busca su propio bienestar es en realidad lo mejor que le puede pasar a la sociedad. La creencia de Smith indica que dada la motivación de lograr su beneficio personal, cada persona trabaja duro y como resultado, la sociedad en su conjunto se beneficiaría con más puestos de trabajo, más competencia y productos/servicios de calidad.
  3. El gobierno debe mantenerse al margen del mercado y limitar su papel a mantener el orden público.

Por su parte Scott Cooney comenta que el principal reto de la visión Smith-Friedman es que los  negocios crean efectos secundarios y si no se hacen responsables de ellos, todo el sistema de libre mercado se rompe.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, dijo: “Cada vez que hay externalidades, donde las acciones de un individuo tienen impacto sobre otros y este no las paga o compensa, los mercados no funcionan”.

Filantropía o Responsabilidad Social Empresarial

Raz Godelnik en su artículo “Filantropía, RSE y Responsabilidad Social en los Negocios”, escribe que las  discusiones sobre la Responsabilidad Social de las compañías tienden a centrarse en los aspectos éticos y económicos.

Por ejemplo, los negocios están pensando si la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) tiene sentido no sólo moralmente, sino también económicamente. Cabe destacar que en ocasiones la filantropía corporativa se confunde muchas veces con la RSE, pero para ser más precisos, es sólo una de sus dimensiones y no es en donde deberíamos concentrarnos en los  discursos y debates sobre el tema.

El hecho de que la filantropía a menudo es confundida con la RSE, probablemente sea porque era la estrategia de negocios comúnmente utilizada para hacer el bien durante muchos años. Sin embargo, el mundo de los negocios está cambiando y transformando su enfoque hacia tres formas de RSE explicadas por el profesor Geoffrey P. Lantos:

  1. RSE Ética: Cumplimiento moral obligatorio de las responsabilidades económicas, legales y éticas de las empresas.
  2. RSE Altruista: Cumplimiento de las responsabilidades filantrópicas de una organización, más allá de la prevención de posibles daños para ayudar a aliviar las deficiencias en el  bienestar público, independientemente de si esto beneficiara  o no a la empresa.
  3. RSE Estratégico: Actividades corporativas al servicio de la comunidad alineadas a los objetivos estratégicos del negocio.

Las compañías hoy en día utilizan tácticas como la prevención de daños y la integración de  la mejora social en la creación de valor económico para redefinir sus relaciones con la sociedad, en vez de sólo donar un 5% de sus ganancias.

En el caso de Michael Porter, ve las diferentes clasificaciones más como fases de desarrollo y no sólo como diferentes tipos de RSE. Porter explica que la primera respuesta a los problemas de la sociedad era la filantropía, pero con el tiempo las empresas aprendieron que no era suficiente.

El valor compartido se refiere a la creación de valor económico mediante la generación de beneficios para la sociedad.

La siguiente fase, según Porter, fue la Responsabilidad Social Empresarial, que va más allá de la filantropía porque implica el cumplimiento de las normas de la comunidad (éticas y jurídicas), las actividades con la ciudadanía (las empresas buscan ser buenos ciudadanos corporativos) y la sostenibilidad.

En un sentido más amplio, Porter explica que las empresas aprendieron mucho del proceso de transición de la filantropía a la RSE y han pasado a una siguiente fase: La creación de valor compartido.

Si bien la filantropía y la RSE eran realmente utilizar los recursos del negocio para otras  tareas sociales, el valor compartido se refiere a la creación de valor económico mediante la generación de beneficios para la sociedad.

Es así como invertir en un plan estratégico de Responsabilidad Social Empresarial beneficiará a las empresas para focalizar sus esfuerzos para la creación de  valor para la comunidad en la que se desenvuelve, generar una buena imagen y sustentar una reputación positiva ante sus Stakeholders.