Cuando somos jóvenes, con frecuencia no alcanzamos a ver el papel que desempeñan los adultos que están a nuestro alrededor y nos cuidan, como sucede con la figura materna; hasta que la prueba del tiempo nos enseña a darle perspectiva y apreciar sus palabras. ¡Es entonces cuando sus enseñanzas cobran sentido!

Estos personajes se llegan a convertir en los más influyentes en nuestra vida, quizá porque son de quienes más aprendemos. Nos enseñan las cosas más simples y cotidianas, pero que resultan trascendentales porque nos definen en el futuro, sin importar si somos hombres o mujeres.

Hoy quiero compartir algunas de las lecciones de liderazgo que aprendí de esta gran figura; porque, después de todo, el verdadero liderazgo comienza en casa.

Enfoque en las oportunidades, más no en las limitaciones

Cuando era niño, tenía una caligrafía terrible y constantemente mi profesor me decía que tenía que mejorar mi letra. Pero por más ejercicios que hacía, no lo lograba, al menos no, como para conseguir la plena aprobación de mi profesor. Eso comenzó a enojarme y frustrarme, y fue entonces cuando mi madre me dijo: “Sólo necesitas más práctica, aunque algunos de tus compañeros ya lo hayan logrado, tu eres distinto… ¿Te has dado cuenta que no todos tus compañeros leen tan bien como tú? Eso es porque todos somos diferentes”.

Mi madre sabía que lo mejor es enfocarse en las oportunidades más que en las limitaciones. Y eso mismo es lo que debe hacer un líder, con él mismo y con sus colaboradores, pues como seres humanos, tenemos defectos y limitaciones, pero lo que importa es lo que podemos lograr a pesar de las fallas. Mirar hacia las oportunidades y aprovechar las capacidades de cada persona es una habilidad que todo líder necesita poseer.

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¿Ser el jefe o el amigo?

¿Alguna vez te enojaste porque tu mamá no te dio permiso para salir? Recuerdo una ocasión en la que quería salir a jugar justo minutos antes de que comenzara a llover, pero ella me detuvo. Como te imaginarás, hice de todo, aventé la pelota y pataleé la puerta hasta que me quitaron de allí.  El tiempo nos enseña, a todos, que el principal rol de los padres no es convertirse en nuestros amigos, sino en ser nuestros guías y educadores.

Eso mismo pasa con nuestros colaboradores en una organización; pues el exceso de confianza puede hacer que se rompa la delgada línea que separa la relación laboral de la personal. Esto no quiere decir que tus colaboradores no pueden ser tus amigos, sino más bien que debemos separar nuestras responsabilidades laborales de la amistad, teniendo presente que dentro de la compañía tenemos objetivos que debemos cumplir.

Sin riesgo no hay éxito

Recuerdo que tenía cinco años de edad cuando por primera vez me subí a una bicicleta. Lograrlo fue todo un reto para mí, pues ya me daba miedo subirme luego de un par de intentos fallidos que me ocasionaron una que otra raspadura de codos y rodillas. Y justo cuando estaba a punto de renunciar, esa figura maternal me animó a volver a intentarlo. Sin vacilar me dijo: “Héctor, si no lo intentas nuevamente, jamás vas a saber si lo puedes lograr… lo peor que puede pasar es que te caigas otra vez; y quién sabe, tal vez ahora sí tengas éxito”.

Como CEOs o líderes en cualquier organización sabemos que tomar riesgos es un elemento crítico del liderazgo, del cual no podemos huir. Y es que para alcanzar el éxito en estos tiempos tan competitivos y dinámicos, tomar riesgos se ha convertido en una parte esencial. Así que si quieres ser un líder efectivo, deja el miedo atrás, toma el riesgo y actúa, pues si no, alguien más lo hará y terminará dominando tus mercados.

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Las reglas importan

Eran casi las 8:30 pm y uno de mis programas preferidos de televisión estaba a punto de comenzar, así que me levanté de la mesa y tomé el plato de mi cena para irme a “plantar” frente al televisor. Apenas me estaba acomodando cuando escuché: “¡A ver Héctor, o vas a cenar o a ver televisión! ¡Los platos no se ponen en el sillón y lo pies no se suben a la mesa!”. Cómo recuerdo aquella escena…

¿Por qué traigo a colación este suceso? Porque como líderes, tenemos la responsabilidad de crear una cultura corporativa y hacer que esos valores y pautas de conducta sean aceptados y compartidos por los integrantes de nuestra organización. Nuestro trabajo como CEO y líder es establecer límites claros de lo que está y no permitido en la compañía y asegurarnos que se cumplan tal cual y si alguien no puede adaptarse, invitarlo a buscar una empresa en la que pueda encontrar una cultura corporativa con la que se identifique.

Definiendo prioridades

Cuando mi amigo Miguel, que vivía al lado de mi casa, tocó la puerta aquel día; yo ya estaba con el balón en la mano más que listo para salir. Todo habría salido perfecto si no hubiera sido porque mi madre me detuvo justo en la puerta y me hizo aquella “terrible” pregunta: “¿Ya terminaste la tarea?”. Desde luego que la tarea no estaba hecha, así que contra mi voluntad me tuve que quedar en casa.

Estoy seguro que esto es algo con lo que las madres de cualquier tiempo han tenido que lidiar de manera frecuente: hijos que quieren salir a jugar sin haber cumplido sus responsabilidades. Esta simple situación me enseñó que en la vida hay prioridades y como tal se deben atender. Como líderes, sabemos que un buen liderazgo solamente es posible cuando tenemos la habilidad de establecer nuestras prioridades y hacemos lo necesario para cumplirlas, aun cuando ello signifique “no salir a ‘jugar’”.

Una frase célebre del militar francés, Napoleón Bonaparte, dice: “El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre”; así que te invito a hacer una pausa para apreciar las innumerables formas en que la figura materna se ha convertido en la primer influenciadora de tu vida.