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7 Preguntas para Impulsar tu Liderazgo de Pensamiento

1. ¿Qué solucionas?

¿Conoce lo que tu organización puede resolver de la manera más efectiva y exhibe tus soluciones?

¿Tienes clientes y prospectos para desarrollar negocios que pueden beneficiarse enormemente de las competencias y capacidades que ofrezcas? Permite que el Liderazgo de Pensamiento supere las trampas asociadas con los peligros de la complacencia que puede llevar a la comoditización de tu negocio. Deja de ser un tomador de pedidos y permite que el Liderazgo de Pensamiento proporcione un componente de valor agregado a tu modelo de negocio que refuerce tu reputación en el mercado y haga más rentables tus relaciones con los clientes.

2. ¿Quiénes son los que van a cambiar la jugada?

Los líderes de tu organización que están aplicando nuevas maneras de pensar para impulsar el crecimiento, la innovación y las oportunidades son los que cambiarán la jugada. Ellos conocen íntimamente los mecanismos involucrados en cada línea de negocio, tendencias, desafíos recientes, presiones competitivas y donde existen oportunidades de crecimiento. Los que cambiarán la jugada están en tu laboratorio de innovación que defienden las ideas y alimentan el pensamiento nuevo.

No tienen miedo de cambiar la conversación como empresarios corporativos y disruptores constructivos que buscan cambiar los paradigmas, retar el status quo y mejorar los modelos de negocio existentes y las relaciones con los clientes.

3. ¿Cuáles son tus mejores prácticas más impactantes?

Las mejores prácticas existentes son los protocolos y métodos utilizados para operar de manera más eficiente y efectiva. Estas metodologías y marcos operativos trascienden el tiempo y las nuevas demandas del mercado.

Básate en tus clientes, líneas de negocio y los requisitos de gestión de cambios de la industria – cómo pueden tus mejores prácticas impulsar el crecimiento de tu negocio cuando se comparten e implementan con tus clientes. Para hablar de tus mejores prácticas debes estar bien preparado a fin de evitar que te tomen por sorpresa por no pensar en todos los posibles detalles. Incluso puede ser que seas dueño de un tema que podría reinventar tu industria.

4. ¿Dónde están los expertos en la materia?

Identifica a los expertos de tu negocio.  Son los líderes que han vivido la larga historia de las relaciones con los clientes y conocen a sus contrapartes en la industria que sirves. Se han convertido en expertos como resultado de su experiencia y en muchos casos se conocen como los Líderes de Pensamiento en tu empresa.

Los expertos en la materia son el recurso buscado por su conocimiento y son los que pueden guiar las estrategias de crecimiento y proporcionar las mejores recomendaciones para su implementación. Saben dónde están las trampas y lo que históricamente ha funcionado y no ha funcionado en el pasado y en el presente.

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5. ¿Cuáles son los avances innovadores?

Identifica los avances innovadores que hicieron a tu organización más fuerte y que te permitieron servir mejor a tus clientes. ¿Cuáles son las nuevas tecnologías introducidas y las inversiones estratégicas realizadas de las que se han beneficiado tu negocio y tus clientes?

Muchas veces hay avances innovadores en una organización que no se ven como tal – y de los cuales se podrían beneficiar sus clientes y la industria. Siempre ten en cuenta las nuevas formas en que estás pensando y cómo estás moviendo tu negocio hacia adelante. No asumas que otros no lo verían como una innovación. Aprovecha todas las innovaciones para el mejoramiento de tu organización, su gente, la marca y las relaciones con los clientes. Los avances innovadores vienen en todas las formas y tamaños. La clave es que tu avance innovador puede ser medido y compartido con tus clientes para impulsar el crecimiento y las oportunidades.

6. ¿Dónde existen las verdaderas relaciones?

Evalúa las relaciones que están demostrando valor real y que estimulan el crecimiento, la innovación y la oportunidad. Al igual que los avances, las mejores relaciones vienen en diferentes formas y tamaños. Algunas relaciones son centros de costos, otros son centros de utilidad.

La clave es saber qué relaciones están agregando valor a tu marca, productos, servicios y personas. Comparte tus historias de éxito, las mejores prácticas que las crearon, su impacto en la moral de los empleados, el logro de una nueva relación con un cliente, las nuevas formas que establecieron el estándar para construir relaciones y el rol que éstas desempeñan para impulsar tu negocio.

7. ¿Cuáles son los resultados deseados?

Explora tus flujos de ingresos actuales y las partes de tu negocio que generan los resultados deseados después de haber identificado los puntos 1 – 6 anteriores. Las estrategias de crecimiento corporativo consisten en impulsar resultados reales mensurables y sostenibles que impacten la rentabilidad. Liderazgo de Pensamiento que hace que tu empresa sobresalga de la multitud.

El Liderazgo de Pensamiento permite que tú y tus clientes amplíen las observaciones de lo que es posible, para cultivar la innovación expansiva y, a través de este proceso, crear un mayor enfoque estratégico para determinar las oportunidades más probables para aprovechar el mayor potencial en la relación. El resultado: te darás cuenta del poder inherente al compartir el impulso del éxito y la importancia que tú y tus clientes son capaces de crear entre sí.

Recuerda esto:

Estamos pasando de una economía basada en el conocimiento a una economía basada en la sabiduría. Ya no se trata de lo que sabes, sino de lo que haces con lo que conoces. En la economía basada en la sabiduría, siempre se trata de la confianza, la transparencia y la colaboración.

Una relación de cliente se trata de agregar valor en todo lo que haces y cómo lo haces. Todo el mundo quiere crecer en este momento de incertidumbre en el que muchos se están reinventando para encontrar su fundamento – debes posicionar a tu organización y a sus líderes como catalizadores para el crecimiento a través del Liderazgo de Pensamiento.

Cómo hacer una Propuesta de Valor diferente

Una Propuesta Contundente

Estar en el mercado podría ser comparado con subirse a un ring. Todos quieren ganar, pero no todos saben cómo hacerlo. En un mundo donde cada vez hay más participantes, además de tener una muy buena solución y servicio  exige que sean las propuestas –y no los golpes o el refrito de ideas– lo que haga sobresalir  a una marca, y en tanto se trate de una apuesta agresiva, renovada y fresca, mejores serán los resultados.

Incluso, hay quienes hablan de ADN, de branding o engagement como si se tratara de una receta secreta o de una fórmula mágica para comunicarse con sus mercados. En lo que muchos no reparan es en el cómo. Y es justo ahí donde muchos se tropiezan y no alcanzan a vislumbrar el rumbo que pueden o deben tomar hacia una diferenciación significativa de sus propias marcas.

El reto:  Adoptar conductas que se sumen a la congruencia de un nuevo discurso, de una nueva imagen y toda una filosofía empresarial para generar mayor impacto entre las distintas audiencias.

Para armar una propuesta de mayor penetración, mayor alcance y con suficientes elementos que la hagan encontrar un espacio en las mentes y corazones de sus Stakeholders, los líderes de hoy deben formularse cuestionamientos básicos.

1. ¿Qué significa la marca?

Si un CEO no conoce la promesa de su marca, es posible que no pueda establecer una propuesta clara y única, pues no tiene los elementos suficientes para lograrlo. Por esta razón, conocer a su marca es esencial para establecer el rumbo que quiere darle tanto a su estrategia de branding como a su propuesta.

Qué hace la marca, qué busca o qué ofrece son cuestionamientos que permitirán conocer las debilidades y fortalezas de una empresa, de tal manera que se tengan los elementos para analizar y establecer tanto internamente como externamente su significado.

2. ¿Qué se quiere comunicar?

Aunque pareciera que se trata de una cuestión básica y hasta obvia, existen muchos casos donde el propio CEO no tiene claro qué es lo que busca comunicar a través de su propuesta de valor. Es por eso que antes de pretender avanzar, se debe tener muy clara esta respuesta.

El mensaje de la propuesta debe ser claro, sencillo y completo, es decir, tanto el Director General como todos los empleados de una empresa deben razonarla y trabajar en la misma línea, entendiendo todos  lo que se pretende lograr. De esta manera se reduce el margen de error y los procesos organizacionales de la empresa fluyen hacia la promesa de valor.

3. ¿Qué lo hace diferente?

Una muy buena solución y servicio  y comunicar  la propuesta de valor de manera contundente es lo que hace la diferencia entre ser una marca exitosa y ser una marca más. Una marca eficiente es aquella que resuelve las necesidades de su público, pero una marca diferente, además de resolverlo, ofrecen una experiencia distinta a su nicho.

Y es que a partir de la fuerte presencia de las empresas en las redes sociales y en las plataformas 3.0, la comunicación entre proveedores y consumidores se ha convertido en el principal motor de una mejor relación y un mayor engagement, lo que se traduce en una experiencia construida por ambas partes. Construir con los clientes es una de las opciones más rentables ante la creciente competencia.

4. Por una propuesta congruente

Una vez definidos los puntos anteriores, la propuesta será contundente en tanto la congruencia sea el eje rector de las estrategias de la empresa: institucional, organización, ventas y comunicación.

De esta manera, el liderazgo del CEO se permeará del impacto de su misma propuesta. Además de dirigir una empresa, un líder con una propuesta sólida inspira a sus subordinados y juntos, lograrán las metas que se propongan en menor tiempo y, sobre todo, de una forma más eficiente.

Si a esto, un CEO le agrega pasión a su don de mando, los resultados serán visibles desde el primer momento, ya que diversos estudios han demostrado la importancia de dirigir combinando ambos hemisferios del cerebro: pensar y entender, pero también sentir y emocionar.

Esto, sin duda, provocará que tanto el CEO como la empresa misma influyan en el sector y en la industria misma, pues se trata de la construcción de un nuevo paradigma en la propuesta de mercado.

El reto está en dejar atrás las prácticas que no construyen y adoptar conductas que se sumen a la congruencia de un nuevo discurso, de una nueva imagen y toda una filosofía empresarial inspirada en generar el mejor impacto entre las distintas audiencias, que finalmente se reflejará  a la hora de facturar.

**Traducción y adaptación del texto Why Content Marketing Should Be a Core Part of Your 2013 Business Plan de David Dodd Estratega de Negocios B2B y Marketing.

Mejores Prácticas que los CEOs deben considerar en la construcción de una buena imagen

Cómo construir el Cielo Corporativo

Dada la importancia que tiene la simbiosis entre un CEO y su marca y de los peores hábitos que pueden llevarlo al infierno corporativo, es importante destacar algunas de las virtudes y mejores prácticas del líder que asume ser el principal responsable de construir el “cielo” de una empresa.

Tener una actitud y mente abiertas es fundamental, ya que un líder receptivo siempre estará dispuesto a escuchar, aprender y mejorar a partir de la interacción con sus empleados, colegas y sobre todo con sus clientes.

Renovarse o morir, así reza una de las máximas de vida y de negocios. Para un capitán no es la excepción. Nuevas ideas, nuevos retos y nuevas metas son las constantes motivaciones del Director General moderno, y justo es la pasión y coraje lo que lo llevará a conseguir esos objetivos; el contagio será un simple trámite. De arriba hacia abajo se permea la pasión por el oficio y la profesión para que toda la organización lo proyecte hacia afuera.

Un eterno aprendizaje es una de las enseñanzas monumentales de los grandes líderes en cualquier sector. Ver una oportunidad donde otros ven una dificultad es una facultad que no todos tienen. Cuando se hace la analogía de construir el cielo para no caer en el infierno, nos referimos a la capacidad de un CEO para siempre ver la forma de guiar a una empresa hacia el camino correcto y positivo; en este sentido, el líder que es capaz de aprender, es aquel que cualquier empresa desearía.

La comunicación, en este afán, supone ser el eje rector de toda una organización, de tal manera que un CEO que vive de las relaciones no puede darse el lujo de no saber comunicarse. Pero no sólo se trata de saber hacer networking, sino de comunicar, también, hacia dentro, la misión, la visión y sobre todo, los valores que una marca desea ponderar en cada uno de sus empleados. En este punto, la responsabilidad sí recae completamente en la cabeza del grupo.

Nuevas ideas, nuevos retos y nuevas metas son las constantes motivaciones del Director General moderno, y justo es la pasión y coraje lo que lo llevará a conseguir esos objetivos.

Una vez que se tiene claro que la comunicación será la base para transmitir la Promesa de Marca a sus Stakeholders, la motivación será un factor fundamental para construir el anhelado cielo de una empresa.

Nuevas ideas, nuevos retos y nuevas metas son las constantes motivaciones del Director General moderno;  el contagio será un simple trámite.

Aquí hay que tener mucho cuidado, ya que no se trata solamente de ofrecer recompensas por un trabajo bien hecho (hasta cierto punto, un buen trabajo es obligación de cada empleado). Se trata de buscar y provocar un bienestar emocional, y esto se logra desde preguntar “¿cómo estás?” hasta involucrarse en sus necesidades relacionadas con su trabajo, de tal manera que pueda lograrse una motivación global y contagiosa.

Recordemos que, aunque cada uno tiene objetivos personales distintos, al estar en la misma empresa se comparte una misma meta y cada esfuerzo se hace en pro de conseguir sus objetivos de negocio. Esto se ve reflejado en una de las frases escritas por el novelista francés Alejandro Dumas en su obra Los tres mosqueteros: “Uno para todos, todos para uno”.

Tener los ojos bien abiertos es justo donde se ve la madera de la que está hecho un gran líder. Esos pequeños aspectos donde se puede filtrar un mal funcionamiento suelen pasar desapercibidos para el común de las personas, pero no para el capitán, capaz de notar hasta el más mínimo detalle.

La imagen en Relaciones Públicas es la sal del oficio. Pero no se trata de vestir bien o combinar camisas con corbatas. Se trata de proyectar la personalidad de una empresa en la vestimenta, el vocabulario, el lenguaje no verbal y hasta la forma de caminar y sonreír. El discurso de un CEO debe ser el de toda una empresa. Una gran responsabilidad que, sin duda, no es fácil de llevar a cabo.

Y así llegamos al valor por excelencia: el respeto. No importa si se trata de una relación laboral, familiar o personal, si no hay respeto difícilmente se puede lograr algo bueno. Si hablamos de un Director General o de toda una empresa, las relaciones y la comunicación deberán tener como base este valor, el cual implica reconocer cuando los empleados realizan bien su trabajo o retroalimentar sus áreas de mejora y oportunidad, invertir en el desarrollo y capacitación del capital humano, así como compensarlos adecuadamente en relación con sus responsabilidades.

Más que una característica del líder de un corporativo, el respeto implica ser asumido como un reto de vida. Así que conociendo la manera en que un CEO debe relacionarse para comunicar a todos sus Stakeholders la Promesa de la Marca, evalúe: ¿ya está preparado para construir el cielo y vivir en el paraíso?

Prácticas que los CEOs deben evitar para no dañar la reputación de su marca

El Infierno Corporativo existe ¡evítalo!

Contar con un CEO que encarne a la perfección la imagen y personalidad de una empresa no es algo necesariamente sencillo, pues no todos los empleados de una organización cuentan con las aptitudes y actitudes para llenar el puesto. Quienes han padecido la falta de esta figura emblemática lo sabrán y quienes cuenten con uno realmente capacitado seguramente lo valorarán.

El caso es que no es suficiente contar con un CEO que se ha ganado el puesto a pulso y sea capaz de satisfacer las exigencias de los accionistas. El reto ahora es mantenerse en la cima de una organización y saber comunicar los valores de una empresa hacia abajo en la escala piramidal y hacia afuera a sus Audiencias Objetivo; sin embargo, hay ciertas prácticas que representan algunos de los pecados que cientos de Directores Generales pueden cometer.

Pensar en Ventas antes que en Comunicación. Una práctica tan común que en muchos casos podría parecer algo natural de las empresas pero en realidad se trata de un error. La comunicación debe fungir como el eje rector de todos los procesos de negocio, ya que las negociaciones, relaciones, indicaciones y hasta órdenes son actos comunicativos, los cuales serán efectivos en tanto sean mejor comunicados. Las ventas son consecuencia de comunicar adecuadamente la Promesa de Marca.

La comunicación: eje rector de todos los procesos de negocio,  efectivos en tanto sean mejor comunicados.

“Yo lo sé todo”. ¿Cuántas veces un Director General ha marcado el declive de su carrera –y la reputación de su empresa– por asumir esta postura? Un profesional de cualquier sector, en cualquier parte del mundo, debe saber y asumir que no lo sabe todo y su actitud debe ser abierta y receptiva a los demás miembros de su equipo, pues la preparación y el conocimiento nunca se agotan.

Creerse insustituible. Si bien la figura del capitán es fundamental en cualquier organigrama, la experiencia ha dictado que nadie es indispensable, por lo que asumir una postura de sentirse esencial es otro de los grandes pecados que puede cometer. En la medida que el líder de una empresa asuma su rol y su responsabilidad como un engrane muy importante, mas no imprescindible, su razón de ser y la estabilidad de la institución se fortalecerán.

“Yo mando”. Ordenar no es lo mismo que delegar o dirigir. Otro de los grandes pecados del CEO moderno está en la forma de delegar el trabajo, ya que en muchas ocasiones se confunde la autoridad con el poder; de tal manera que para sentirse “el jefe” se cae en el error de sólo dar órdenes y no de delegar responsabilidad o plantear alternativas para ejecutar o corregir los procesos.

Ser un jefe de escritorio. Este es otro de los grandes males de la industria en estos tiempos, ya que a pesar de contar con las virtudes que se necesitan para ser el Director General de una empresa, existen casos donde el líder resulta ser un gran estratega y su visión le permite imaginar planes realmente poderosos, pero no tiene ni la disposición ni la capacidad para ejecutar sus propias estrategias.

Decir sin hacer. Probablemente muchos CEOs se verán reflejados en este pecado relacionado con “el ejemplo”, ya que por muchas indicaciones, órdenes, recomendaciones o hasta sanciones, mientras no se predique con el ejemplo su imagen y la de toda una organización serán incongruentes.

En este sector, aludir a una falsa familiaridad con los clientes, medios de comunicación o colegas es el pan de cada día. Y es que no se trata de hablarles de “tú” o de “usted”, sino de tener presente que se trata de una relación de negocios y se representa a toda una corporación que exige un trato profesional, y la cordialidad no debe confundirse con “amistad”. Ojo, no se condena la amistad, sino mezclarla y hasta pretender utilizarla para sacar ventaja de una relación estrictamente laboral.

La comunicación debe fungir como el eje rector de todos los procesos de negocio, ya que las negociaciones, relaciones, indicaciones y hasta órdenes son actos comunicativos.

Es por eso que un CEO que no entiende que su comportamiento incide en la reputación de la marca, las cosas no marcharán de la mejor manera para la empresa. Por ejemplo, disciplina, carisma, autoridad y respeto son algunas de las cualidades que podrían resarcir los daños ocasionados por los pecados citados, además de contar con herramientas que le permitan ser un líder que inspire a todos sus Stakeholders a situarlo a él y por ende, a la marca, como un referente en los negocios.

El infierno corporativo es un lugar que existe y que ninguna marca quiere visitar y aunque siempre habrá forma de salir de la crisis y los tiempos difíciles, lograrlo puede ser de titanes; así que una vez más, prevenir siempre será preferible que lamentar.

Cómo posicionar a la marca a través de su CEO

Aunque el término CEO debe sus siglas al inglés Chief Executive Officer, se trata de una palabra cada vez más común en el mundo empresarial sin importar país, cultura o sector de negocios. CEO es mucho más que tres letras que refieren al capitán de una organización, a un puesto aspiracional, a un gran reto a nivel profesional, se trata también de la representación de la empresa, el lado humano de una marca.

Para la construcción de la marca de un capitán exitoso, es indispensable tener claras las bases y los sustentos en la creación de una figura inherente a la empresa, es decir, no se puede pensar en un capitán independiente de la marca y viceversa. La reputación de uno es la imagen del otro; la imagen de la marca las decisiones de éste y así se da paso al ideal de un CEO: una persona capacitada y que está a la altura de las circunstancias, el entorno y el perfil que exija una empresa.

Una vez asentadas las bases para construir esta imagen, es importante destacar que el rol del CEO moderno exige un talento especial para hacer que comulguen distintas generaciones de líderes en la misma empresa. De ese tamaño es el reto.

Ahora sí, pasemos a la forma en que se puede crear la figura del Director General como una marca propia sin separarla de la empresa misma.

¿Jefe o líder?, ¿miedo o respeto?, ¿admiración u obligación?, ¿confianza o incertidumbre? Responder estas preguntas sobre lo que cada empresa quiere comunicar a través de su principal embajador es el primer paso para el objetivo de la construcción de la marca CEO, pues los viejos organigramas donde uno mandaba y todos obedecían quedaron en el pasado.

En cuanto a imagen pública, por ejemplo, el capitán debe ser íntegro, pues no se trata de un engrane más en la maquinaria, sino la pieza principal de la misma imagen corporativa. De lo contrario, se correrá el riesgo de que en lugar de ser el principal promotor e impulsor de una marca, pase todo lo contrario y se convierta en el primer opositor y freno de la misma.

Hablamos de una pieza fundamental, difícil de elegir, más aún de asumir e incluso de concebir, es por eso que resulta imprescindible revisar los atributos sobre las percepciones que se tienen de esta figura, ya que no es la imagen de una persona, sino la reputación de toda una empresa.

Esto se puede ver claramente a través de una de las 4 I’s de la Mercadotecnia de Servicios, la inseparabilidad, la cual destaca que los clientes no pueden separar a la persona que proporciona el servicio del mismo servicio. Los Stakeholders vinculan a la empresa con su estratega y si existe una relación positiva entre ambas se genera confianza para apostar por la marca y adquirir sus soluciones. De no ser así, evidentemente, se ve afectada la imagen y reputación de la relación CEO-Empresa.

A nivel internacional tenemos ejemplos de la inseparabilidad del estratega con la compañía como Steve Jobs – Apple y Bill Gates – Microsoft. Un Director General fuerte es igual a una empresa fuerte.

Debe haber un equilibrio entre la imagen de la empresa y el capitán de la misma; estar basada en una misma misión, visión, valores e ideales que sean visibles durante las acciones y toma de decisiones del CEO, así como en sus encuentros con sus Audiencias Objetivo para comunicar de manera correcta la Propuesta de Valor de la compañía.

Tanto para una empresa como para su CEO, ser y parecer son la base de una correcta estrategia de posicionamiento, dos verbos a conjugar para un mismo fin, el éxito. Alinear el branding del Director General al de la empresa con integridad, consistencia y resultados tangibles serán la fórmula que contribuirá al fortalecimiento de sus relaciones con sus Stakeholders ganando un espacio en la mente y corazón de éstos.

CEO + Marca = Posicionamiento

Aunque el término CEO debe sus siglas al inglés Chief Executive Officer, se trata de una palabra cada vez más común en el mundo empresarial sin importar país, cultura o sector de negocios. CEO es mucho más que tres letras que refieren al capitán de una organización, a un puesto aspiracional, a un gran reto a nivel profesional, se trata también de la representación de la empresa, el lado humano de una marca.

Para la construcción de la marca de un capitán exitoso, es indispensable tener claras las bases y los sustentos en la creación de una figura inherente a la empresa, es decir, no se puede pensar en un capitán independiente de la marca y viceversa. La reputación de uno es la imagen del otro; la imagen de la marca las decisiones de éste y así se da paso al ideal de un CEO: una persona capacitada y que está a la altura de las circunstancias, el entorno y el perfil que exija una empresa.

Una vez asentadas las bases para construir esta imagen, es importante destacar que el rol del CEO moderno exige un talento especial para hacer que comulguen distintas generaciones de líderes en la misma empresa. De ese tamaño es el reto.

Ahora sí, pasemos a la forma en que se puede crear la figura del Director General como una marca propia sin separarla de la empresa misma.

¿Jefe o líder?, ¿miedo o respeto?, ¿admiración u obligación?, ¿confianza o incertidumbre? Responder estas preguntas sobre lo que cada empresa quiere comunicar a través de su principal embajador es el primer paso para el objetivo de la construcción de la marca CEO, pues los viejos organigramas donde uno mandaba y todos obedecían quedaron en el pasado.

En cuanto a imagen pública, por ejemplo, el capitán debe ser íntegro, pues no se trata de un engrane más en la maquinaria, sino la pieza principal de la misma imagen corporativa. De lo contrario, se correrá el riesgo de que en lugar de ser el principal promotor e impulsor de una marca, pase todo lo contrario y se convierta en el primer opositor y freno de la misma.

Equilibrio entre la imagen de la empresa y el capitán de la misma; que la misión, visión, valores e ideales sean visibles en las acciones y toma de decisiones del CEO.

Hablamos de una pieza fundamental, difícil de elegir, más aún de asumir e incluso de concebir, es por eso que resulta imprescindible revisar los atributos sobre las percepciones que se tienen de esta figura, ya que no es la imagen de una persona, sino la reputación de toda una empresa.

Esto se puede ver claramente a través de una de las 4 I’s de la Mercadotecnia de Servicios, la inseparabilidad, la cual destaca que los clientes no pueden separar a la persona que proporciona el servicio del mismo servicio. Los Stakeholders vinculan a la empresa con su estratega y si existe una relación positiva entre ambas se genera confianza para apostar por la marca y adquirir sus soluciones. De no ser así, evidentemente, se ve afectada la imagen y reputación de la relación CEO-Empresa.

A nivel internacional tenemos ejemplos de la inseparabilidad del estratega con la compañía como Steve Jobs – Apple y Bill Gates – Microsoft. Un Director General fuerte es igual a una empresa fuerte.

Debe haber un equilibrio entre la imagen de la empresa y el capitán de la misma; estar basada en una misma misión, visión, valores e ideales que sean visibles durante las acciones y toma de decisiones del CEO, así como en sus encuentros con sus Audiencias Objetivo para comunicar de manera correcta la Propuesta de Valor de la compañía.

Tanto para una empresa como para su CEO, ser y parecer son la base de una correcta estrategia de posicionamiento, dos verbos a conjugar para un mismo fin, el éxito. Alinear el branding del Director General al de la empresa con integridad, consistencia y resultados tangibles serán la fórmula que contribuirá al fortalecimiento de sus relaciones con sus Stakeholders ganando un espacio en la mente y corazón de éstos.